21 sept 2012

Experiencia en Lourdes y Taizé

El mes pasado, del 3 al 13 de Agosto, un grupo de la Diócesis hicimos un viaje en el que pasamos por varios lugares y experiencias: primero, la visita a un convento en La Aguilera (Burgos) donde están las religiosas de Iesu Communio; después, el Santuario de Lourdes (Francia), y finalmente Taizé (también en Francia) donde estuvimos una semana en torno a la Comunidad de monjes que hay allí y junto a casi 5000 jóvenes de distintos paises. Fue una experiencia inolvidable que esperamos poder repetir.
Aquí os dejamos con el testimonio y las impresiones de una persona de las que fuimos.

“Se pasa por Taize como se pasa junto a una fuente. El viajero se detiene, sacia su sed, y continúa su camino. Los hermanos de Taizé no quieren reteneros. Quieren, en la oración y en el silencio, permitiros beber el agua viva prometida por Cristo, discernir su presencia, responder a su llamada y después de regreso, ser testigos de su amor en vuestras parroquias, escuelas, universidades y en todos vuestros lugares de trabajo”.

Creo que estas palabras dichas por Juan Pablo II en su paso por Taizé hace años resumen la experiencia de muchos de los que hemos participado en este viaje.
Para los que tal vez no saben, el viaje lo realizamos entre las diócesis de Santiago, Tui-Vigo y Mondoñedo-Ferrol. Con nosotros venían los delegados de juventud, dos familias, y dos sacerdotes de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol.

Comenzamos con la visita en el viaje de ida a las hermanas de Iesu Communio en su convento de La Aguilera, en Burgos. De repente enfrente de nosotros teníamos a 90 monjas, en su mayoría jóvenes con una pañoleta azul en la cabeza y un hábito vaquero. Nos recibieron cantando y moviendo las brazos, de repente todos quedamos como sobrecogidos, nunca te esperas ver a tantas monjas jóvenes juntas. Con ellas estuvimos durante algo más de una hora. Teníamos muchas preguntas… ¿por qué ese hábito? ¿Cuál es su misión? ¿Cómo es un día de su vida? ¿Qué les ha llevado a dejar todo lo que tenían y abrazar ese estilo de vida?.. Tuvimos la suerte de escuchar el testimonio de Iciar, una chica de Vigo que conocía personalmente a muchos de los que estábamos allí ya que vivió durante un tiempo en Santiago.
Nos sorprendió la manera en que nos miraban. Era una mirada que reflejaba mucha bondad, casi queriéndonos expresar con ella la alegría que sentían por conocernos y estar ahí. Con sus testimonios nos dimos cuenta de que Cristo no es una idea, como dijo Benedicto XVI en la encíclica “Deus Cáritas Est”, sino una PERSONA VIVA Y REAL que habla al corazón y tiene fuerza para seducirlo y curarlo hasta querer por gratitud ofrecerle toda la vida. También nos contagiaron su amor por la Iglesia, a la que sienten como una verdadera Madre y por la que ofrecen su vida y su oración.

Aún con el impacto en el cuerpo, continuamos nuestro viaje que nos llevó hasta Lourdes. Esa noche fue corta pero a las 8:30 estábamos en la gruta de la Virgen como clavos para vivir la Eucaristía a los pies de María junto con los enfermos para dejarnos contagiar de su humildad y de su paciencia para saber vivir el dolor. La mañana se nos fue recorriendo todos los lugares que guardaban relación con Bernadette, la niña a la cual se le apreció la Virgen.
Estuvimos en el museo y pudimos visitar la casa donde vivía con su familia que en realidad era un calabozo. Allí dimos gracias por nuestra historia, por nuestra familia, por los momentos buenos y por los fracasos de nuestra vida… así como Bernadette lo hizo en una oración. Rezamos el Credo en la pila bautismal de la parroquia en la que fue bautizada Bernadette y por último acabamos orando en la capilla en la que ella decidió entregarle su vida al Señor como religiosa.


En mí resonaba esa cita de S. Pablo que dice: “Dios ha escogido lo que el mundo tiene por necio, para poner en ridículo a los que se creen sabios; ha escogido lo que el mundo tiene por débil, para poner en ridículo a los que se creen fuertes; ha escogido lo humilde, lo despreciable, lo que no cuenta a los ojos del mundo, para anular a quienes piensan que son algo” (1Corintios 1, 23). Muchas veces, lo que Dios elige para realizar su obra son vidas pobres e insignificantes a los ojos del mundo.

Tras la comida, nos dividimos en grupos. Un pequeño grupo improvisó un sencillo pero precioso Via Crucis aprovechando las figuras que hay el monte detrás de la Basílica. Otros visitaron el Santuario en general. La mayoría del grupo queríamos vivir la experiencia de bañarnos en las piscinas de curación de los enfermos.
Por la tarde participamos con los enfermos en la procesión del Santísimo y en el Rosario de antorchas. Realmente sentimos que un día en Lourdes no podía haber sido mejor aprovechado.





Al día siguiente (Domingo), muy muy tempranito, salimos hacía Taizé. Paramos en una estación de servicio donde celebramos la Eucaristía en un pequeño montecito sin pasar desapercibidos.  A las seis de la tarde, estábamos en Taizé. Justo en el momento en que llegamos empezó a llover, con lo que las primeras horas fueron un poco caóticas. Había gente por todos lados, todo el mundo hablaba en un idioma distinto al nuestro, las lentejas que nos sirvieron de cena estaban frías y tenían demasiado vinagre….. y así llegamos a la primera de nuestras oraciones en Taizé.



La iglesia de la Reconciliación (así se llama la iglesia central de Taizé) estaba llena, éramos unos 4.500…. los hermanos comenzaron a llegar con sus hábitos blancos y se colocaron en el centro, de repente estábamos cantando junto con todos esos jóvenes las canciones que a veces hemos escuchado “El alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa”, “Nada te turbe, nada te espante”, “Bless the Lord”…
En Taizé, hay momentos para todo: oración, talleres, grupos con otros jóvenes, Eucaristía, fiesta todas las noches,...

Algo que impresiona en Taizé es que, aunque somos tantos, todo sale adelante (comida, limpieza, organización, coro…) gracias a los voluntarios y voluntarias que pasan un tiempo en Taizé al servicio de los demás. Los Hermanos se dedican a la cerámica (de cuya venta viven), a dar las charlas bíblicas y a acompañar y escuchar a los jóvenes.
Todo en Taizé es muy sencillo, en la comida sólo tenemos una cuchara para todo, no hay ni cuchillo ni tenedor y las raciones son justas, pues somos muchos y tiene que alcanzar para todos. Realmente se comparte.


Conforme van pasando los días, uno se va encontrando cada vez más a gusto, con el resto de la gente del grupo se va creando amistad y complicidad y a más de uno le costó la vuelta, pues se sentía ya en familia. En un mismo grupo de gente, puedes estar compartiendo con un protestante sueco o alemán, con un ortodoxo de Serbia, o con católicos de Francia, Latinoamérica o África…. la variedad es muy grande.
En Taizé, quizá por primera vez para muchos, empezamos a mirar a los hermanos de otras confesiones sin prejuicios, como hermanos, y a darnos cuenta de que es posible rezar juntos más allá de las divisiones que hubo en la historia. Descubrimos que Cristo es uno para todos y que Él es el centro. Abrimos los ojos a que un hermano protestante puede seguir a Cristo con la misma seriedad que un católico y esto nos acerca entre nosotros.
La Iglesia tiene dimensiones más grandes que sólo la Iglesia católica. La Iglesia de Cristo la formamos todos los cristianos. Una Iglesia que ha sufrido fragmentaciones en la historia y que, aunque hoy por hoy no la veamos visiblemente unida, allí en Taizé es posible al menos intuir lo que puede significar dejar caer barreras y prejuicios. Creo que, si las personas nos diéramos cuenta de cuánto nos hace sufrir la falta de comunión y de diálogo, la falta de entendimiento, pondríamos mucho más esfuerzo en la reconciliación entre nosotros porque, en el fondo, son esas “cosas” las que nos quitan la esperanza, la alegría y hasta las ganas de vivir en muchos momentos. El deseo de comunión que hay en nuestro corazón es la huella de Dios en nosotros. Es muy difícil salir de Taizé y no volver con el deseo y el compromiso de ser instrumentos de reconciliación allí donde estamos (familia, trabajo, ambiente de estudio…). Eso que para nuestro mundo parece imposible…. en Taizé Dios lo conquista y te lo hacer desear de nuevo.
Algo muy especial fue que, ya en el propio viaje, vivimos esta comunión y sintonía entre los que estábamos. Los jóvenes de Santiago y de Mondoñedo nos sentimos una verdadera piña y pudimos disfrutar de compartir juntos una experiencia así. También entre los sacerdotes que nos acompañaban.

En Taizé, un momento muy importante en esa semana es el viernes. Los hermanos colocan el icono de la Cruz en el centro y durante más de 4 horas se invita a los jóvenes a pasar por esa cruz y a besarla o abrazarla. Es increíble ver jóvenes tan distintos entre sí, de diversas razas, países, culturas y confesiones… Cristo nos acoge a todos. Acoge y abraza el peso que hay en nuestras vidas. A veces, cuando miramos superficialmente a los jóvenes nos parece que ellos no se enteran de nada y no saben de problemas o sufrimientos… Pero Cristo sí que se entera y conoce cada una de nuestras vidas y nos da la oportunidad de poder descargar sobre su Cruz el peso, el dolor, la soledad, el pecado… todo.




Fuimos testigos todos nosotros del paso de Dios en muchas personas. Para algunos, el Señor les vino a buscar en la oración o en un momento de confesión, o en el hecho de poder ser uno mismo con jóvenes de otros países, en los diálogos frecuentes, en las conversaciones con los hermanos de Taizé, en gestos de perdón entre nosotros.

Me pareció ser testigo de cómo Dios, con una enorme delicadeza, hacía camino con cada persona desde el punto en el que se encontraba". (Piedad)


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VIDEOS EN EL BUS:
Cantando "Carolina"
Cantando "Someone like you"

VIDEOS EN LOURDES:
Procesión de los enfermos
Procesión del Santísimo
Procesión de antorchas1
Procesión de antorchas2
Entrando en una de las Basílicas

VIDEOS EN TAIZÉ:
Video Adoración de la cruz en Taizé
Video Jóvenes adorando la cruz
Cantando "Soy una rumbera" en el Oyak
Seguimos cantando en el Oyak
En el ensayo de cantos
Canción de uno de los grupos de jóvenes

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